Como ya se ha dicho en la introducción, esta cámara es de reducidas dimensiones, más pequeña que una caja de cigarrillos con solo dos centímetros de grosor por lo que, de la ergonomía poca cosa se puede decir, cada uno la coge como puede, enganchémosnola bien a la mano con la correa para que no se nos caiga y a hacer fotos que con esta máquina es de lo más fácil.
Su color plateado y su construcción rectangular le dan aspecto de robustez a pesar de lo pequeña que es pero al cogerla nos damos cuenta que verdaderamente está muy bien ensamblada y en esto ayuda la buena calidad de los botones de un tacto duro que dan la seguridad de que no los vamos a pulsar accidentalmente pero que responden bien cuando de verdad queremos hacerlo.
La pantalla del monitor ocupa buena parte del respaldo ayudando en gran manera a componer la escena con sus dos pulgadas. Pero no por ello Casio ha renunciado a incorporar un visor óptico como ha hecho Sony con su T1 que no lo lleva. Visor casi simbólico al tratarse de un agujerito en miniatura por el que cuesta mirar pero que nos puede ayudar en situaciones que por exceso de luz solar resulte casi imposible ver algo en la pantalla.
En la vista de perfil podemos observar como para desplegar un zoom proporcionalmente más largo que la anchura de la cámara hace falta que esté dividido en tres secciones que se acoplan una dentro de la otra, esto no es ninguna novedad en este tipo de lentes, pero es que dentro del objetivo hay un grupo de lentes que no cabrian en los dos centímetros de anchura del cuerpo y la única forma de guardarlos ha sido mediante un invento exclusivo de Pentax que hace que este grupo de lentes intermedio una vez han llegado al límite del retroceso suban hacia arriba dejando sitio para el último grupo en replegarse, este es el motivo por el que el centro del objetivo no coincide con el centro del barrilete sino que se encuentra más abajo.